Un soldado desaparecido hace tres años

Angie Espitia sostiene una de las últimas fotos de su hermano, que se tomó el día de su grado de bachiller. / Fotos: Gustavo Torrijos - El Espectador



Edwin Yesid Espitia, de 18 años, llamó a su mamá la tarde del 19 de marzo de 2015 a decirle que estaba contento porque iba de vuelta al batallón y luego arrancaría hacia Bogotá a ver a su familia. También le dijo que le tenía una sorpresa, pero que no se la iba a decir. La sorpresa nunca llegó. Espitia está desaparecido desde el 22 de marzo de ese mismo año.

Edwin podría sumarse a las cerca de 47.025 personas que según la Unidad para las Víctimas han sido desaparecidas forzosamente en Colombia, y de comprobarse que fue desaparecido, su caso lo tendría que asumir la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas en razón del conflicto armado, que ni siquiera ha empezado labores y no tiene presupuesto asignado. Una situación duramente criticada hace poco por organismos como la Cruz Roja Internacional.



Los problemas de Espitia, cuentan sus hermanas Yeimi y Angie, empezaron desde el momento mismo de su incorporación al Ejército. En junio de 2014 fue a presentarse a una citación en Soacha buscando resolver su situación militar. A pesar de que él llevaba documentación que acreditaba que había acabado el bachillerato, lo incorporaron como soldado regular. “Le dijeron que lo llevaban (como regular) porque ellos tenían que cumplir un cupo”, cuenta Yeimi.

Espitia había decidido prestar servicio militar a pesar de que su mamá le pidió que no lo hiciera. El Ejército lo integró al Batallón de Ingenieros Número 28, con sede en Primavera (Vichada). La prioridad para su familia fue cambiar la nominación para pasarlo de soldado regular a bachiller, con la esperanza de que ese cambio significara que no lo llevaran al “monte”, como dicen sus hermanas.

Lo lograron y Espitia estaba feliz: “Estoy contento porque hay no sé cuántos muchachos regulares y sólo cuatro bachilleres, o sea que nos quedamos en la base”, le hizo saber a su familia en una llamada. Además, el orden público en la zona no presentaba perturbaciones. El contrabando de gasolina era la principal preocupación del grupo al que pertenecía Espitia.

La situación empezó a cambiar tras cuestionamientos de Espitia a algunas de las directrices que le daban en el batallón. Por ejemplo, no estaba de acuerdo con tener que dar la vida por la patria, como lo enseña la doctrina militar. Le contó a su familia que un cabo, al cual no quiso identificar, le dijo que “le llegara el agua hasta donde le llegara” iba a hacer que el soldado tuviera que desarrollar labores por fuera del batallón, en la zona rural del departamento.

Fuente:
El Espectador

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